Nuevas formas de comunicarnos, entendernos… y confundirnos

No descubro nada nuevo al afirmar que WhatsApp se ha convertido en la herramienta comunicativa por excelencia. Nos permitiré contactar de manera gratuita sin coste económico añadido con personas que tenemos lejos, o a la vuelta de la esquina. Lo podemos hacer mediante un vídeo o foto, un corte de audio o, como la gran mayoría de gente, con texto. Esto, que a priori nos puede parecer muy positivo, sobretodo a la hora de mantener una comunicación asíncrona (sin necesidad de coincidir conectados a la vez en el tiempo), tiene sus riesgos ya que el lenguaje no verbal es muy importante a la hora de transmitir los mensajes.

El cortometraje “Yo tb tq” es un ejemplo claro de cómo los gestos y la entonación de nuestras palabras en el cara a cara influyen en la manera de percibir el mensaje que nos envían, y más en una sociedad como la nuestra, la española, en la que jugamos uno con el doble sentido de las palabras, la ironía y el sarcasmo.

Para contextualizar nuestras palabras en un sentimiento, o en una intención, podemos (y deberíamos) apoyarnos en unas caras y símbolos que forman ya parte de nuestro día a día: los emoticonos. Atrás quedaron ya aquellos tiempos creativos en los que nos las ingeniábamos con los paréntesis y símbolos extraños para crear caras o figuras. Los emojis han llegado para facilitarnos el trabajo y hacerlo todo más visual. De este modo, si preguntamos a alguien si quiere acompañarnos a un recital de poesía griega del siglo VI a.C., el emoji que se utilice al final de la respuesta nos puede indicar si nuestro interlocutor se muere de ganas o no por venir:

¡Me muero de ganas! 😍

¡Me muero de ganas! 🤮

Pero no solo eso. En la Universidad de Sur de Adelaida han localizado la reacción neuronal que provoca un emoticono, y han concluido que lo percibimos de la misma manera que si la persona con quien nos estamos escribiendo pusiera esa misma cara delante nuestro. Es decir, que estamos aprendiendo a expresar nuestro estado de ánimo, y a percibirlo, utilizando unos patrones de imágenes haciendo de los emoticonos “el espejo del alma”.

Apple ha ido más allá con su último modelo de teléfono, el iPhone X, analizando nuestros gestos al utilizar nuestra cámara frontal dando vida a sus animojis. Ya no es solo que podamos utilizar los emoticonos que usaos desde ya hace años, sino que podemos convertirnos en uno de ellos dándole incluso nuestra voz. Algo que nos ayuda, sin duda, a transmitir mucho mejor nuestros mensajes. La única duda que me genera este sistema es si esa cámara también nos analiza cuando leemos nuestra pantalla.

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